martes, 28 de octubre de 2014

El beso de Judas-Fotografia y verdad-capitulo-4





 El beso de Judas
Fotografía y verdad

Joan Fontcuberta



LOS PECES DE ENOSHIMA


 capitulo-4


La virtud reconocida por la cultura occidental al imprimir una huella de pez en tinta y ésta traspasada a papel como una auténtica huella de verdad.
Una vez vueltos de la pesca, los vendedores impregnan algún que otro pez en tinta y lo presionan contra un papel en blanco. De este modo obtienen la silueta perfecta del ejemplar a vender. Cosa que ellos consideran algo normal en su cultura y no les dan valor artístico alguno. Consiguen por tanto una representación exacta del pez. Este concepto de “imagen publicitaria” choca con aquellas fotografías que podemos encontrarnos en el menú de un restaurante por ejemplo. Mientras que en Enoshima se utilizan siluetas fieles al producto en cuestión, en occidente, se retoca la fotografía añadiendo artificialmente detalles para que la comida, en ese caso, resulte más apetitosa.
La publicidad engañosa se lleva practicando ya muchos años para cualquier producto.
La silueta de los peces con una huella directa y las imágenes retocadas con huellas diferidas. También trata sobre la manipulación de la publicidad sobre los consumidores haciendo posible esto como “appetite appel” que viene a ser un cúmulo de signos imperceptibles que usan una retórica visual para atrapar al espectador, es decir, representan un producto extremadamente cuidado que no se relaciona con la realidad.

La huella directa muestran el objeto fotografiado tal y como lo perciben nuestros ojos. Por tanto está dotado de realismo, mientras que la huella diferida sería toda aquella imagen retocada, puede tener intención publicitaria, Pueden mostrarnos una imagen no del todo real, pero sin embargo conseguirán atraer la mirada del espectador y captar su atención
Respecto a los retoques, hay dilemas sin solución acordada.
Quitar arrugas, resaltar los labios y darle nitidez a la piel son claros ejemplos de retoques que se llevan a cabo desde hace ya varias décadas. El afán por esconder aquella mancha o aquella otra imperfección. Se nos establecen unos cánones de belleza, probablemente desde la Grecia antigua, donde aquellas estatuas de luchadores, dioses y héroes marcaban los parámetros de perfección, y los rasgos que se alejan de estos cánones son vistos como fealdad o impureza.

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