miércoles, 15 de octubre de 2014

El beso de Judas-Fotografia y verdad-capitulo-3




 El beso de Judas
Fotografía y verdad

Joan Fontcuberta


“VIDENCIA Y EVIDENCIA

capitulo-3
 

La fotografía se asemeja a la escritura y por lo tanto, ésta, no deja de ser un  lenguaje escrito. En él, se abre el capítulo con una interesante introducción extraída de un capítulo de la mitología egipcia, el Dios Thot defiende la escritura ante el Dios Rey Amón, éste le dice que lo que ha creado no es bueno para la memoria si no para la rememorización y lo que les daba a sus discípulos no será la verdad sino un vago reflejo ya que los que aprendan dicho arte se creerán omniscientes y en general lo ignorarán todo, su compañía será tediosa porque tendrán la apariencia de ser gente sabia, sin serlo realmente y oirán muchas cosas sin haber aprendido nada.
Hace un planteamiento en el que se nos muestra a la fotografía como algo que le abre camino a la amnesia y por lo tanto, a una reafirmación de la vida.
“Tanto nuestra noción de lo real como la esencia de nuestra identidad individual dependen de la memoria. No sabríamos que somos y careceríamos de esencia, por lo tanto, la fotografía, siendo una prolongación de la memoria, es a su vez una prolongación de nuestra esencia e identidad.
El capítulo  trata sobre todo del afán por impregnar de recuerdos nuestra existencia para no olvidar que una vez estuvimos vivos. Vemos varias citas como la novela de The man who nerver forgot de Robert Silverberg o la obra proyectada al infinito de Friedl Kubelka-Bondi que se fotografío durante dos años de su vida.
Al momento de ver la fotografía como una manera de reforzar la felicidad de los momentos fotografiados, para afirmar aquello que nos complace, para cubrir ausencias, para detener el tiempo y para posponer la muerte, se está manipulando no solo los recuerdos y la memoria, sino la realidad en general, lo cual, me reafirma el hecho de que “no existe la realidad en la fotografía”
la memoria, y la fotografía como una manera de manipularla y moldearla de manera tal, que terminamos por fotografiar, y a su vez recordar, sólo lo que queremos, siempre y cuando seamos capaces de discriminar los recuerdos y llegar a olvidar.


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